La COP26 ha llegado a su fin, con el presidente de la conferencia, Alok Sharma, agotado, golpeando el mazo, con diplomáticos apiñados en acaloradas negociaciones que se prolongaron hasta pocos minutos antes de la clausura. Con todos los ojos del mundo mirando, las expectativas eran altas.

 

¿Ha ido la COP26 lo suficientemente lejos para resolver la crisis climática? No. ¿Hizo progresos? Inequívocamente, sí. La esperanza de 1,5°C sigue viva, de momento, según Abbie Llewellyn-Waters, responsable de inversiones sostenibles, y Rhys Petheram, responsable de soluciones medioambientales de Jupiter.

Desde nuestro punto de vista, hay varios aspectos novedosos. 

 

  1. El término «carbón» en relación con el combustible fósil entró en la documentación oficial por primera vez desde que se iniciaron las conversaciones sobre el clima en 1995.
  2. Los dos mayores emisores ratificaron su cooperación (iniciada a principios de este año en suelo chino, un tema del que hemos hablado mucho anteriormente).
  3. Transición Justa: la brecha climática y de equidad ocupó un lugar destacado en las negociaciones, con una mejor representación de los países más vulnerables.
  4. Carbón: se acordó la «reducción progresiva» del carbón (no la «eliminación progresiva»). El texto imperfecto se modificó minutos antes de la hora final, pero es un paso adelante.
  5. Se ha fijado para el metano, cuyo impacto en el calentamiento es ochenta veces mayor que el del carbono, un objetivo de reducción significativa.
  6. Deforestación: amplio acuerdo de los países clave para detener la deforestación, que se ha producido a un ritmo de superficie equivalente a 30 campos de fútbol por minuto.
  7. Pérdidas y daños: los que se han beneficiado a costa del medio ambiente van a subvencionar a las economías menos maduras para apoyar su transición.
  8. Mercados de carbono: el artículo 6 del Acuerdo de París había quedado sin resolver, hasta ahora. Tenemos una mayor claridad que respalda mejor la reducción de las emisiones y elimina los riesgos de doble contabilidad de las mismas.
  9. Finanzas del clima: se han introducido nuevas herramientas, como el Mecanismo de Mercado de Capitales, que se centran más en las contribuciones adicionales que en un simple enfoque de gestión de riesgos.
  10. Aumento de la presión: se ha instado a los gobiernos a revisar sus planes climáticos antes de finales de 2022, aumentando la presión sobre los países para que aporten nuevas mejoras el próximo año en la COP27 de Sharm El Sheikh, Egipto. En palabras del Secretario General de la ONU: «La COP 27 empieza ahora».

 

Dada la gravedad de las pruebas científicas que apuntan a la inmediatez del cambio climático en los últimos meses, se depositaron muchas esperanzas en los resultados de la retrasada conferencia COP 26 para el futuro de nuestro planeta. En nuestra opinión, la cumbre representó no sólo un hito histórico, sino un auténtico potencial de resultados positivos. Las consideraciones medioambientales ya no están al margen de las agendas políticas y financieras, sino en el centro. Durante la conferencia, los países se han comprometido a poner fin a la inversión pública en energía de carbón, a acabar con la deforestación, a reducir las emisiones de carbono y metano, y a hacerlo todo en un plazo más corto de lo previsto.

 

La dirección de la marcha está clara. Los países llevan tiempo comprometiéndose a reducir las emisiones pero, durante el transcurso de la conferencia, más países han aumentado sus ambiciones. En la COP26 hubo 14 compromisos climáticos nuevos o actualizados. Varias economías grandes, entre ellas India, el tercer mayor emisor del mundo después de EE.UU. y China, han anunciado su compromiso de alcanzar las emisiones netas cero. Las promesas se han extendido más allá del carbono, con más de 100 países que se proponen reducir el metano en esta década. El modo en que los países planean reducir las emisiones varía: países como Islandia se centran en aumentar las tecnologías de captura de carbono, mientras que el Reino Unido planea incentivar el uso de sistemas de calefacción doméstica bajos en carbono. La descarbonización del transporte por carretera es otra de las áreas en las que se hace hincapié. Treinta países han acordado colaborar para que los vehículos de emisiones cero se conviertan en la nueva normalidad, haciéndolos accesibles, asequibles y sostenibles en todas las regiones para 2030 o antes. Los países están presionando a las empresas para que reduzcan, en lugar de compensar, las emisiones de carbono y prevemos una mayor normalización de la fijación de precios del carbono a nivel mundial.

 

Ya concluida la conferencia, nos centramos en la aplicación de la política y en cómo las empresas pueden abordar y adaptarse a los retos vitales del cambio climático y la restauración de la biodiversidad.

 

Abbie Llewellyn-Waters espera que se aceleren las medidas políticas que animen a las empresas y a los particulares a descarbonizarse. «La descarbonización en el mundo real es la única manera de abordar la emergencia climática; creemos que es inevitable que las externalidades relacionadas con el clima se conviertan en costes internalizados para las empresas. Con un precio del carbono que ronda los 60 euros, el más alto de la historia, y una política de rápida transición, las empresas deben reducir su producción total de carbono. Gestionar una cartera baja en carbono es un componente clave de nuestro deber fiduciario, en mi opinión».

 

Necesitamos que las estrategias empresariales demuestren una clara intencionalidad, capacidad de acción e irreversibilidad para afrontar estos retos a largo plazo, pero eso es difícil de alinear con un ciclo político y empresarial más corto. Anticipamos que los costes del carbono se internalizarán cuando tengamos una alineación a nivel político y una mayor coordinación global en torno a los mercados de carbono. Se están diseñando Mecanismos de Carbono para evitar el riesgo de fuga de carbono, es decir, que una empresa produzca en un país con precios de carbono más favorables desde el punto de vista financiero.

 

Según Rhys Petheram, todas las palancas políticas que estamos viendo ahora están ahí para impulsar soluciones climáticas en el mundo real. «Lo que resulta alentador es que aproximadamente dos tercios de las reducciones de emisiones que necesitamos para mantener un escenario de 1,5 grados pueden proceder de tecnologías existentes y ya listas para su comercialización», afirmó. Si bien es cierto que hoy contamos con las tecnologías necesarias para alcanzar estos objetivos, sin la irreversibilidad de la acción, estas promesas políticas no son suficientes, en nuestra opinión.

 

La colaboración es fundamental para alcanzar los objetivos de Net Zero y, aunque muchos de los líderes mundiales asistieron a la COP26, incluido el presidente de EE.UU. Joe Biden, hubo algunas ausencias notables. Lo que sí añade credibilidad a los resultados es la ratificación del compromiso conjunto entre EE.UU. y China, firmado por primera vez en mayo de 2021. En la declaración, ambos países reconocieron, además, la gravedad y la urgencia de la crisis climática. Se comprometen a afrontarla mediante sus respectivas acciones aceleradas en la década crítica de 2020, adelantando el calendario anterior, así como mediante la cooperación en los procesos multilaterales, incluido el de la CMNUCC, para evitar impactos catastróficos.

 

Más allá de las emisiones de carbono, los debates en torno a la biodiversidad son alentadores. Más de 130 países, entre ellos Brasil, la República Democrática del Congo e Indonesia, se han comprometido a poner fin y revertir la deforestación para 2030. Estos países albergan el 90% de los bosques del mundo, y sólo la selva amazónica alberga aproximadamente el 10% de la biodiversidad mundial. Más de la mitad del PIB mundial depende de la biodiversidad y, sin embargo, seguimos utilizando los recursos de la naturaleza mucho más rápido de lo que pueden reponerse.

Conclusión:

Ha habido avances. La advertencia de Barbados de que 2°C era una sentencia de muerte para las naciones insulares fue contundente: esta COP ha mantenido una trayectoria de calentamiento por debajo de los 2°C, pero necesitamos un mayor impulso positivo para alcanzar con éxito los 1,5°C. Dada la crisis humanitaria en la que nos encontramos, el precedente de la acción colectiva global ha llegado, pero debe ir más allá.

 

La sociedad civil se presentó en la COP26, alto y claro: estas cuestiones se han convertido rápidamente en críticas para el ciclo democrático y para el éxito comercial. El mundo reconoce que a los gases de efecto invernadero, como a los virus, les importan poco las fronteras y que tenemos que actuar como una comunidad global y ajustar nuestra actividad actual con una mayor ambición y cumplimiento de nuestros objetivos. Dicho de forma más sencilla, la economía mundial necesita ejecutarse dentro de sus límites planetarios. Sharm El-Sheikh, la COP27, servirá como una importante báscula para la puesta en práctica de los objetivos fijados.

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