Durante la campaña de las elecciones presidenciales de EE. UU. de 1992, el estratega electoral de Bill Clinton acuñó la famosa frase «¡Es la economía, estúpido!» para hacer entender a sus militantes el mensaje en el que había que centrarse. Probablemente se pueda echar mano de la misma idea para hablar del que ha sido el vector último del sentimiento inversor y el comportamiento del mercado durante la mayor parte de los años transcurridos desde entonces, sobre todo en la renta fija, donde tanta atención concitan la política monetaria y los bancos centrales. Sin embargo, mi argumento es que los factores geopolíticos cada vez tendrán mayor importancia en las decisiones de inversión, no solo en 2024, sino durante la próxima década.

(No es) el fin de la historia

Allá por 1992, el mundo acababa de presenciar el fin de la Guerra Fría y en Occidente estaba cristalizando el consenso de que las democracias liberales capitalistas se habían consolidado como el culmen del progreso político y económico (1992 fue también el año en el que Francis Fukuyama publicó su ensayo El fin de la Historia y el último hombre). Visto con los ojos actuales, esta visión peca de ingenuidad.

 

Desde 1992, el mundo unipolar en el que EE. UU. era el país hegemónico ha dado paso claramente a un mundo multipolar a medida que China y otros países emergentes han ido acrecentando su influencia. El impacto económico de lo anterior pudo observarse en las cadenas de suministro globalizadas y la inflación exportada por todo el mundo. Después de que la pandemia de COVID sacara a la luz las debilidades del modelo económico mundial, las agendas políticas en conflicto y la tendencia de los países a usar la fuerza militar (en lugar de las meras presiones económicas) siguen ahondando las diferencias entre las naciones del G7 y lo que podría describirse de forma laxa como el grupo BRICS de las grandes economías emergentes. Una evolución a medio plazo de lo anterior podría ser un retroceso de las tendencias en materia de deflación y cadenas de suministro, hasta llegar a una telaraña más fragmentada de cadenas de suministro regionales y presiones al alza sobre la inflación.

 

El universo de la renta fija pública global se sitúa en una interesante intersección entre los mercados y la geopolítica, ya que ofrece instrumentos de inversión con correlaciones directas para posicionarse ante riesgos geopolíticos de una forma que no resulta posible, por ejemplo, en la renta variable o la renta fija privada.

Focos de atención geopolítica en 2024

Así pues, ¿cuáles podrían ser los focos de atención geopolítica a los que deberían estar atentos los inversores en deuda pública global en 2024? Es una cuestión muy amplia, pero me vienen a la mente varios factores, como las tensiones en Oriente Medio y las relaciones entre China y EE. UU., sobre todo en relación con Taiwán.

 

En el momento de redactar este artículo, está negociándose una tregua humanitaria en el conflicto armado entre Israel y Hamás, lo que supone un paso importante en el camino para conseguir un alto el fuego completo. Sin embargo, la situación sobre el terreno sigue siendo tensa y muy variable y la posibilidad de escalada continúa estando muy presente. Si se extienden los combates más allá de Gaza o se deterioran las relaciones diplomáticas entre los regímenes árabes de la región y Occidente, se podría ver perturbado el suministro de petróleo a la economía mundial. Siguiendo en Oriente Medio, las acciones de Arabia Saudí, que está vendiendo petróleo a China en yuanes, parecen chocar con su posición histórica como aliado cercano de EE. UU.

 

El desafío a la posición del dólar estadounidense como la moneda de reserva del mundo es solo una manifestación de las tensiones entre EE. UU. y China. La soberanía de Taiwán es uno de los focos de esa tensión y las elecciones que celebrará este territorio en enero de 2024 serán determinantes para dar forma al discurso durante el resto del año. Una victoria del partido próximo a Pekín reduciría las probabilidades de una acción militar por parte de China a corto plazo, y a la inversa. Entretanto, el hecho de que no se haya producido ningún ataque militar contra territorio ruso después de su invasión de Ucrania y de que el país siga vendiendo su petróleo y su gas en grandes franjas del mundo podría haber demostrado a China que la reacción contraria a la escalada podría no ser tan catastrófica. Desde la perspectiva estadounidense, las elecciones presidenciales de noviembre harán, en mi opinión, que sea improbable una relajación de la política de EE. UU. hacia China. Los republicanos se posicionarán claramente en contra de China, por lo que lo último que querrán los demócratas es parecer tibios con el gigante asiático, lo que les podría costar votos de indecisos en lo que probablemente sean otros comicios muy reñidos.

Invertir para el Nuevo Orden Mundial

Los inversores necesitan gestionar los riesgos geopolíticos, así como sus resultados, como cualquier otro riesgo. Decía antes que el universo de la renta fija pública global ofrece la oportunidad de cubrir algunos de estos riesgos directamente. Las permutas de riesgo de impago (CDS) suelen ser una forma atractiva de hacerlo, ya que suponen de forma efectiva comprar una opción de venta sobre un bono y, en muchos casos, el coste de cubrirse frente a estos riesgos es relativamente bajo. Por lo tanto, puede tener sentido para los inversores en renta fija global interponer estas coberturas como forma de elevar la resistencia y la asimetría de las rentabilidades en sus carteras.

 

En el caso de los riesgos en relación con China y Taiwán que he destacado antes, los CDS sobre deuda pública china cotizan en torno a 60 pb en estos momentos, lo que, en nuestra opinión, los convierten una forma muy barata de protegerse frente a posibles sanciones económicas en caso de escalada militar. Muy probablemente estas sanciones no serán necesarias, pero si lo son, entonces estos CDS generarán unas rentabilidades enormes. Los CDS sobre la deuda pública de Arabia Saudí y Abu Dabi están muy baratos y ofrecerían unas coberturas de coste reducido contra una escalada en la región de Oriente Medio. También creemos que, a medio plazo y en un mundo multipolar, las monedas con cambio fijo con el dólar estadounidense podrían sufrir presiones y que los inversores tienen a su disposición varias formas eficientes de tomar posiciones cortas contra el dólar de Hong Kong y el rial saudí.

 

Estos son tan solo algunos de los resortes que los inversores en renta fija global podrían pulsar para contribuir a aislar sus carteras de los riesgos geopolíticos. Creo que hace ya mucho tiempo que los grandes sucesos geopolíticos dejaron de considerarse «cisnes negros» que un inversor no puede prever y para los que no puede posicionarse. Más bien al contrario: creo que en 2024 y años posteriores dichos sucesos no harán sino aumentar su frecuencia y que los inversores pueden utilizar todas las herramientas de las que disponen para que sus clientes puedan tratar de amortiguar los peores efectos de esa volatilidad.

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