Gran parte del ruido que perturba los mercados últimamente, especialmente en torno al endurecimiento de las políticas monetarias y las dificultades de los bancos, tiene su foco en los mercados desarrollados. Los mercados emergentes, por el contrario, han estado relativamente tranquilos y, lo más importante, los fundamentales subyacentes siguen pareciendo fuertes.

Las tribulaciones del sector bancario ilustran muy bien los roles cambiantes que desempeñan los mercados desarrollados y emergentes. Después de una huida inicial hacia la “seguridad” cuando estalló la crisis, los inversores internacionales han regresado a los bancos de los mercados emergentes y han ayudado a muchos de ellos a alcanzar máximos récord en sus cotizaciones. Su atractivo es que son negocios bastante aburridos, dicho en el mejor de los sentidos, ya que se dedican a cosas sencillas como hipotecas y préstamos a particulares en los que pueden ganar un margen saludable en sus mercados, en contraste con las prácticas más agresivas e irresponsables de algunos bancos de los mercados desarrollados que terminaron por desestabilizarlos. Y no solo eso: los bancos de los mercados emergentes todavía tienen un gran margen de crecimiento, ya que muchas economías emergentes todavía están muy desatendidas en materia de servicios financieros.

Si miramos la panorámica de conjunto, apreciamos algo que nos hace ser optimistas de cara al futuro previsible en los mercados emergentes: varios obstáculos anteriores, como la política de «COVID cero» de China y la fortaleza del dólar estadounidense, se han convertido en vientos a favor ahora que China está reabriendo su economía y el billete verde cede terreno. En nuestra opinión, el crecimiento más lento de EE. UU. (que evita una recesión grave) es saludable para los mercados emergentes, porque fomenta el flujo de capitales desde EE. UU. en dirección a los mercados internacionales en busca de mayores rentabilidades. Después de todo, el diferencial en las tasas de crecimiento económico siempre ha sido uno de los principales atractivos de los mercados emergentes para los inversores en renta variable, y cuanto más pueda brillar ese diferencial, mejor será el sentimiento en torno a esta clase de activos.

Aunque nuestra visión sobre las perspectivas de las acciones de los mercados emergentes es alcista, huelga decir que es importante reconocer los riesgos. Una de las cosas que podría desbaratarlo todo es que la economía estadounidense entre en una recesión profunda, quizá arrastrada por errores de política monetaria por parte de la Fed. Eso sería negativo para muchos activos de riesgo, incluidas las acciones de los mercados emergentes, y sin duda es un resultado plausible, aunque no constituye nuestra hipótesis de trabajo.

A la hora de gestionar sus propias economías en tiempos difíciles, las autoridades de los mercados emergentes tienen lisa y llanamente más resortes que pulsar que sus homólogas desarrolladas. Por un lado, no están viéndose, por lo general, en la situación de tener que deshacer una década de política ultraexpansiva en una coyuntura de estanflación. Brasil es el ejemplo más obvio, ya que presenta unos tipos de interés del 13,75% y una inflación del 4,5% y en descenso. En este sentido, podría afirmarse que Brasil debería haber estado relajando su política monetaria antes de ahora, pero esta relajación solo se ha pospuesto, no cancelado, y cuando se produzcan los recortes de tipos las bolsas deberían verse muy favorecidas.

Más allá de eso, los dos países emergentes donde vemos las oportunidades más atractivas en este momento son la India, que tiene un increíble potencial de crecimiento interno, y Taiwán, que está dejando atrás el punto bajo del hundimiento de las exportaciones tras el COVID y los mercados ahora están comenzando a mirar hacia el crecimiento futuro. Somos más neutrales en China, que ha decepcionado ligeramente este año, ya que el efecto beneficioso del fin de la política de «COVID cero» está tardando en materializarse más de lo que muchos esperaban y las relaciones con EE. UU. se han vuelto a enturbiar.
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