De cara al segundo semestre de 2023, esperamos que los bancos centrales den por fin un giro a su política monetaria y comiencen a manifestar una preocupación mucho mayor por el crecimiento que por la inflación.

Los bancos centrales, que se guían por sus grandes indicadores referidos a la gestión de la inflación y el desempleo, ven cómo sus medidas están dictadas por dos de los índices más retrospectivos que existen, lo que equivale a conducir un coche mirando por el retrovisor. Sin embargo, si miramos un poco más allá del parabrisas, vemos que varios indicadores adelantados apuntan a la recesión.

El crecimiento de la oferta monetaria en EE. UU. presenta tasas muy negativas, de hecho, más que en cualquier otro momento desde la década de 1930, e históricamente esta circunstancia ha estado estrechamente ligada a las recesiones. Por otro lado, el exceso de ahorro que ha sostenido el consumo durante los últimos años ya está prácticamente agotado y los elevados tipos de interés de las hipotecas están provocando el estancamiento del mercado de la vivienda, mientras que el S&P 500 ha registrado beneficios negativos durante dos trimestres consecutivos y, por lo tanto, los CEOs podrían poner el foco en los costes, con las consiguientes implicaciones para el empleo.

Así pues, ¿se encamina EE. UU. hacia la recesión? Todo el mundo se pregunta si el país se encuentra o no en recesión técnica, pero en estos momentos la idea de que la economía estadounidense está experimentando un aterrizaje suave nos parece realmente ilusoria. La política monetaria se ha endurecido tanto y con tanta rapidez que todavía no ha calado en la economía real. Incluso si la Fed detuviera las subidas de tipos hoy mismo (y sus pronunciamientos sugieren que todavía podría faltar una subida antes de que la realidad golpee), la economía seguiría sintiendo las consecuencias de ese endurecimiento durante meses.

Si la inflación sigue girando a la baja, el crecimiento se tambalea y el desempleo empeora, nos encontramos entonces en un entorno en el que la política monetaria restrictiva que mantiene la Fed pasará rápidamente a ser insostenible y se producirán recortes de tipos. En nuestra opinión, eso sienta las bases de un panorama de inversión extremadamente prometedor para la renta fija.

A nuestro entender, la oportunidad de inversión es muy tentadora. Ahora que dejamos atrás uno de los peores desplomes de la historia en los mercados de bonos, las valoraciones, especialmente de la deuda pública, han pasado de caras a muy baratas, en nuestra opinión. Más allá de la deuda pública, nuestras perspectivas económicas nos llevan a ser más cautelosos en el conjunto de la renta fija privada. Los mercados de bonos corporativos, con los bonos High Yield a la cabeza, han seguido mostrando un comportamiento bastante bueno, pero todavía no descuentan la desaceleración que prevemos. Eso no significa que los bonos corporativos no encierren oportunidades. Sin embargo, nuestra preferencia se sitúa en los sectores más defensivos, las estructuras garantizadas y los bonos con vencimientos más cortos o fechas de amortización anticipada más próximas.

Abordamos nuestra visión macroeconómica con un alto grado de convicción, pero obviamente sabemos que nada está garantizado y que existen factores que podrían desviar al mundo de esta trayectoria, por ejemplo, que China consiga corregir rápidamente el rumbo de su economía, que los gobiernos actúen para proteger a la población del impacto de los tipos más altos (p. ej., moratorias hipotecarias) y una nueva espiral alcista de la inflación de los alimentos, provocada quizá por el mal tiempo o la suspensión de los acuerdos sobre cereales entre Rusia y Ucrania. El mundo es un lugar impredecible y volátil, como hemos tenido la ocasión de comprobar sobradamente durante los últimos años, pero la amplísima variedad de clases de activos que alberga la renta fija nos lleva a la certeza de que, con independencia de lo que el destino les depare a los mercados de bonos, un fondo de renta fija global flexible y dinámico debería contar con las herramientas para afrontar ese reto.
The value of active minds: pensamiento independiente