Supuestamente, 2023 iba a ser el año del resurgir de la economía china. Después del prolongado periodo de confinamientos por el COVID desde 2020 y varias ofensivas regulatorias contra el sector privado, el golpe de timón dado por el gobierno central a sus políticas generó sensaciones positivas entre los inversores.

Sin embargo, las esperanzas de un rebote sustancial de la actividad económica han chocado con la realidad de unos datos mucho peores en la práctica. Los últimos trimestres han dejado unos datos un pocodecepcionantes, puesto que la recuperación inicial propulsada por los servicios ha ido perdiendo impulso gradualmente. En nuestra opinión, esta situación es debida a tres razones:

  1. El deterioro de las cuentas de las administraciones públicas, sobre todo en las zonas menos desarrolladas del país. Eso significa menos empuje procedente del gasto público (p. ej., inversión en infraestructuras).
  2. Las tensiones entre EE. UU. y China. El traslado de fábricas a países más cercanos y la tendencia recesionista de los mercados desarrollados se tradujeron en menos exportaciones desde China. El dato anecdótico es que, por primera vez en casi 20 años, las importaciones estadounidenses procedentes de México superaron a las chinas el año pasado.
  3. La política de «COVID cero», junto con una ofensiva regulatoria contra las empresas inmobiliarias, de Internet y de formación, han reducido estructuralmente las expectativas de la población de poder aumentar su renta en el futuro gracias al sector privado. Esta combinación de factores contribuyó a erosionar la demanda.
La necesidad de estímulos coordinados era acuciante
En este entorno, el mercado comenzó a ver que la necesidad de estímulos coordinados era más acuciante. Durante la reunión del Politburó de julio, las autoridades chinas variaron parcialmente el tono y se mostraron más receptivas. En este sentido, en julio quedó claro que cabía esperar algún tipo de medidas de apoyo más amplias.

El mes de agosto arrancó principalmente con un renovado pesimismo entre los actores del mercado, debido a lecturas macroeconómicas peores de lo previsto y las noticias y datos del sector inmobiliario. Este hecho probablemente sumó una razón más para poner en marcha la temporada de estímulos con medidas de amplio calado. En tan solo unos días, vimos cómo se reducían en todo el país los porcentajes mínimos de entrada para solicitar una hipoteca, cómo se recortaban los tipos de las hipotecas y los depósitos, cómo se introducían deducciones en el impuesto sobre la renta y cómo se rebajaban los coeficientes de reservas obligatorias para los depósitos en divisas en el mercado interno para sostener el yuan.
¿Bastarán estas acciones para resolver los desequilibrios estructurales?
Las nuevas medidas son muy acogidas y constituyen en sí mismas un balón de oxígeno para el sector inmobiliario y los segmentos más cíclicos de la economía vinculados estrechamente a la construcción. Sin embargo, cuesta bastante adoptar una postura abiertamente optimista en estos momentos. Después de varios meses de tímida recuperación durante la primera parte del año, los precios de la vivienda (representados por la media de las 70 primeras ciudades) giraron de nuevo a la baja en tasa secuencial durante el verano. En lo que llevamos de año, las ventas siguen bajo mínimos y, en general, no vemos una recuperación de la confianza de los hogares y, por ende, de la demanda que pueda propiciar una recuperación de los precios y el volumen de operaciones.

Las medidas de estímulo y el amplio apoyo público podrían ayudar a las promotoras con vencimientos en el mercado interno y externo a prorrogar su situación varios trimestres, pero eso podría no ser suficiente para resolver los desequilibrios estructurales que seguimos encontrando en la economía china en lo que respecta a la importancia del sector de la construcción y las tendencias demográficas. Otro riesgo clave a la hora de evaluar las consecuencias económicas a largo plazo es la posible exposición oculta procedente de la gestión de patrimonios y otras áreas de la denominada «banca en la sombra».
Cómodos con una exposición baja a China
Sin embargo, como inversores en renta fija pública y privada de los mercados emergentes, eso no significa que, en nuestra opinión, no se pueda invertir en el país. Las grandes empresas de consumo e Internet siguen pareciéndonos de alta calidad desde el punto de vista de la deuda. En el sector inmobiliario, por el momento preferimos evitar la exposición directa a las promotoras privadas, pero en fechas más recientes hemos podido encontrar algunas oportunidades interesantes en vehículos de titularidad pública con un respaldo sólido de la administración. Los bonos de entidades privadas siguen sufriendo una gran volatilidad y están sujetos a patrones de negociación bastante erráticos que, por el momento, siguen imponiendo una postura conservadora.

En general, estamos cómodos manteniendo una exposición más baja a China con respecto a los índices generales de deuda emergente, pero, al mismo tiempo, somos conscientes de que el mercado de bonos corporativos chinos es un universo grande y diversificado. Muchas empresas poseen modelos de negocio sólidos y balances saneados que deberían facilitar la devolución de la deuda.
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